Un puente en construcción ha desatado un acalorado debate en Estocolmo. El puente unirá dos realidades contrastantes: el barrio desfavorecido de Rinkeby y la localidad de Sundbyberg, cuyos habitantes tienen un mayor poder adquisitivo. Si bien la extrema derecha sueca teme que esta infraestructura sirva para propagar el crimen, que asocia con la inmigración, los residentes creen que el puente no solo facilitará los viajes, sino que también frenará la segregación. La periodista de Euronews Valérie Gauriat investiga las realidades subyacentes en Suecia, donde la desigualdad socioeconómica nunca ha sido tan alta como ahora.
Rinkeby es uno de los centros neurálgicos de la llamada “violencia de pandillas” en Suecia. Los asesinatos han aumentado casi un 40%, en un año, en el país. Para intentar acabar con este problema, el Gobierno aboga por una política de inmigración más restrictiva, y más deportaciones. Es una moneda de cambio utilizada por el bloque de la coalición gobernante para asegurar el apoyo del partido de extrema derecha ‘Demócratas de Suecia’.
“La mayoría de los jóvenes sospechosos de haber cometido un delito nacieron en Suecia. Son suecos. ¿A dónde los van a deportar?”. dice Clarissa Seidou, oficial de la Policía Comunitaria de Rinkeby.
“Si les hubieran dado trabajo y hubieran aprendido sueco, se habrían integrado en la sociedad”, añade Mustafa Andic, residente de Sundbyberg. Andic, ex empresario y ahora taxista, cree que los políticos “deberían abordar la fuente de la violencia de las pandillas en lugar de luchar por el puente”.
Andreas Cervenka, autor del libro ganador del premio de periodismo sueco ‘Greedy Sweden’, culpa a los recortes de impuestos y las políticas de privatización de la desigualdad. Según él, esto convierte a Suecia en “uno de los países más desiguales del mundo, con una élite muy rica, junto con un gran grupo de ciudadanos económicamente vulnerables”.
“Agravada por la crisis y la inflación, la precariedad afecta cada vez a más suecos”, dice Jonas Wihlstrand, director de la principal organización benéfica sueca ‘Stadsmissionen’.
“El número de solicitantes de ayuda ha aumentado drásticamente este año. La sociedad civil tiene que asumir la responsabilidad de alimentar a la gente. No queremos que la situación empeore. ¡Intentar solucionar el problema es responsabilidad de los políticos!”. concluye Jonas Wihlstrand.
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