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La lluvia quiere despedirse del Dakar

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El Dakar deparaba una nueva sorpresa a los participantes. Esta tarde/noche el pulpo volvió a caer en el desierto, inundando buena parte del campamento y dejando todo convertido en un lodazal.

Un vivac situado en una inmensa planicie de tierra, polvo y ‘fesh fesh’, transformada en una desagradable pasta harinosa.

Es cierto. Se riega en los vivacs, lo justo para intentar minimizar el polvo. Pero cuando el agua cae así, las cosas cambian. O cuando se riega justo antes de que lleguen los camiones de asistencia y acaban creando un lodazal y dejando sus surcos en él.

No es la primera vez que llueve en el Dakar. Pero este año ha superado no lo conocido sino lo inimaginable. Lo más parecido es aquel famoso año del Salar de Uyaimi completamente inundado. Pero que lloviera en los Andes o en Sudamérica era un riesgo con el que se contaba.

Algunos esperaban sol radiante, calor. Lo han encontrado en algunos lugares, pero las noches han sido frías, muy frías. Las diferencias entre las temperaturas diurnas y nocturnas en algún momento han sido espectaculares.

El Rally está llegando a su fin… aunque mañana habrá otro vivac final. Los funcionarios de seguridad sauditas han mantenido la prueba en una burbuja.

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