El Senado francés aprobó este sábado el polémico proyecto de reforma de las pensiones del Gobierno de Emmanuel Macron, cuya medida más controvertida es el retraso de la edad mínima de jubilación de los 62 a los 64 años. El texto, que fue debatido por procedimiento acelerado para evitar las numerosas enmiendas de la oposición para entorpecer el debate, recibió 195 votos a favor y 112 en contra.
Las primeras reacciones del Gobierno celebrando la decisión no se hicieron esperar y, apenas unos minutos después de la votación, la primera ministra francesa, Élisabeth Borne, celebró el “paso decisivo” hacia una reforma que “garantizará el futuro” de las pensiones francesas.
“Totalmente comprometidos a permitir una adopción definitiva en los próximos días”, remarcó Borne, vía Twitter.
El bloque macronista se benefició de la posición a favor de los conservadores de Los Republicanos, cuyo líder, Bruno Retailleau, defendió una reforma del sistema de jubilación como algo imperativo para salvarlo del “shock demográfico” que supondrá la evolución de la población en los próximos años.
“El principal acto de solidaridad es garantizar el equilibrio del sistema”, había defendido previamente en el Senado el ministro de Trabajo francés, Olivier Dussopt.
En campo contrario, la senadora socialista Monique Lubin aseguró, en su último turno de palabra, que este sábado seguirá siendo un “día negro para todos los asalariados” del país.
El texto de la reforma de pensiones será debatido el día 15 en una comisión mixta mixta para acordar una versión común que luego deberá ser validada, a partir del 16 de marzo, por ambas cámaras.
En la Asamblea Nacional, que anteriormente no votó el proyecto de ley completo en primera lectura, se espera que la votación sea reñida.
Como muy pronto, la votación final sería posible ese mismo día y el plazo máximo es hasta el 26 de marzo, al final de la jornada.
El eje principal de la reforma impulsada por Macron es retrasar dos años la edad mínima de jubilación, de los 62 años actuales a los 64.
El Gobierno defiende los cambios como la única vía viable para garantizar el equilibrio financiero del sistema en 2030, ya que, de no hacerse nada, estima que en diez años se acumularía un déficit cercano a los 150.000 millones de euros.
El debate de este sábado se desarrolló mientras, en las calles, miles de franceses salían a protestar contra la reforma convocada por todos los sindicatos, que rechazan rotundamente esta reforma.
Fue el séptimo día de movilizaciones desde que el Ejecutivo reveló los detalles del proyecto, el pasado mes de enero, y tuvo menos seguimiento que en otras ocasiones.
Pese a ello, los dirigentes gremiales aseguraron que el rechazo francés a la reforma es “más que absoluto” -las encuestas muestran que la gran mayoría de la ciudadanía está en contra- y retaron al presidente a convocar una consulta.