Argentina

Análisis | Un gobierno desconectado, frente a un año desafiante

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Primero fue el presidente. Alertado de la crisis institucional que había desencadenado con su decisión de desobedecer un fallo de la Corte Suprema de Justicia, se replegó a una posición un poco menos extrema, pero más propensa a argumentar que se somete a las reglas ya la ley.

Alberto Fernández nunca tuvo reparos en el desprecio. Lo demostró al desobedecer un decreto firmado por él mismo en plena pandemia. Pero para enfrentarse a la Corte, no tuvo funcionarios dispuestos a firmar un desaire con consecuencias penales y optó por echarse atrás, sin cumplir la sentencia.

Luego vino el vicio. Tras la sentencia que le aplicaron por corrupción, Cristina Kirchner había anunciado que renunciaba a cualquier candidatura. Nadie le pidió que revisara su decisión. Inmediatamente el vacío se llenó de subrepticios aspirantes a la batuta de mariscal. Ante el abismo de la irrelevancia, Cristina volvió sobre sus pasos. El que se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado. Para enmascarar la reacción violenta, dijo que él nunca renunció a nada, que en realidad está fuera de la ley. Como es bien sabido que es falso, su partido entendió de inmediato: Cristina se inscribió nuevamente en la carrera por obtener privilegios.

Los dos integrantes de la fórmula presidencial cierran el año con contramarchas que revelan algo más que la desconfianza mutua, constante invariable de sus tres años de gobierno. Lo que es nuevo es la evidencia cada vez más clara de que perdieron la conexión…

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