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Cómo España y Marruecos han alcanzado “una nueva etapa” tras medio siglo de crisis de vecinos

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La Isla de Perejil es un islote deshabitado y árido situado en el Estrecho de Gibraltar del que muy pocos en Marruecos o España habían oído hablar pero que casi lleva a ambos países a un conflicto armado. El 17 de julio de 2002, 28 militares españoles desalojaron a un grupo de gendarmes marroquíes que habían ocupado el territorio con el objetivo de “luchar contra la emigración ilegal y el terrorismo”.

Fue la primera gran crisis entre ambos países en el siglo XXI, pero no la última. En los últimos 20 años, las relaciones entre los dos países han estado salpicadas de desacuerdos.

Sin embargo, algo ha cambiado esta semana.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, habló este jueves de “una nueva etapa” en las relaciones con Marruecos durante la primera reunión bilateral desde 2015.

Sánchez precisó que este nuevo ciclo supondrá un diálogo permanente sobre todos los asuntos que afectan a los dos países “sin recurrir a acciones unilaterales” y abordando cualquier tema “por complejo que sea”.

Euronews ha hablado con Eduard Soler, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universitat Autònoma de Barcelona, ​​para entender cómo han llegado a este punto.

De Perejil a Ceuta: medio siglo en crisis

“Las relaciones entre España y Marruecos siempre han sido complicadas”, explica Soler, “entre otras cosas porque hay problemas de soberanía”.

La crisis en la isla de Perejil ejemplifica la intensidad de sus enfrentamientos. La situación se prolongó durante 15 meses y escaló hasta el punto en que Estados Unidos tuvo que mediar.

En el centro de la animosidad entre vecinos se encuentran los enclaves de Ceuta y Melilla, situados en el norte de Marruecos, pero bajo soberanía española desde 1640 y 1497, respectivamente.

“Luego ha habido intentos de reparar esta relación, de evitar que pasen crisis como estas”, dice Soler, “pero durante estos 20 años lo que también hemos visto es cómo ha habido momentos en que la inmigración ha envenenado las relaciones o ha sido utilizada en ocasiones, muchas veces por Marruecos, como elemento para demostrar a España los costes de no llevarse bien y los beneficios de hacerlo”.

Esto fue precisamente lo que sucedió en mayo de 2021 cuando Marruecos abrió la frontera durante 48 horas permitiendo el acceso de 10.000 inmigrantes irregulares en la ciudad española de Ceuta, que tiene menos de 90.000 habitantes.

Fue una represalia por el recibimiento por parte de las autoridades españolas de Brahim Ghali para que pudiera ser atendido en un hospital de España. La vida del líder saharaui corría grave peligro a causa de un contagio de COVID-19. Fueron los medios escritos marroquíes los que dieron con su paradero y encendieron las alarmas diplomáticas en Marruecos.

“Fue contestada por Marruecos con el argumento de que Marruecos no podía ser un socio de conveniencia con el que cooperas en unos temas y en otros no”, explica Soler.

El conflicto enquistado en el Sáhara Occidental

La cuestión del Sáhara Occidental ha sido otra de las principales piedras en la rueda de las relaciones entre ambos países.

Marruecos ocupa el Sáhara Occidental desde principios de la década de 1970, cuando los últimos soldados españoles abandonaron a su suerte lo que entonces era una provincia española.

Siguiendo el protocolo de descolonización de la ONU, la España de Franco acordó en 1967 organizar un referéndum de autodeterminación, pero la promesa nunca se cumplió.

Desde entonces, Marruecos reivindica la soberanía sobre el territorio y España nunca se había pronunciado al respecto, hasta marzo de 2022. El Gobierno de España se posicionaba entonces por primera vez a favor del plan de autonomía de Marruecos frente al derecho de autodeterminación de los saharauis. gente.

“No cabe duda de que España quiere esta reconciliación con Marruecos, ya que considera peligrosa una situación en la que no existe una relación normal con su vecino del sur”, señala Soler el por qué de este cambio de postura.

Y Marruecos, consciente de esta necesidad por parte del Gobierno español, ha intentado jugar bien con los tiempos, con los símbolos, para intentar sacar el máximo de concesiones, que es lo que hace cualquier actor del sistema internacional. ”

Un nuevo ciclo: “ver el vaso medio lleno”

La gran incógnita del encuentro bilateral era si el rey Mahoma recibiría en persona a Pedro Sánchez.

Pero no fue así, su conversación finalmente fue por teléfono.

“Obviamente esto puede haber empañado de alguna manera el simbolismo del encuentro”, dice Soler. “De hecho, la oposición política en España lo estaría utilizando para considerar que este Gobierno no habría cumplido los objetivos que se buscaban en sus relaciones con Marruecos”.

“Pero seguro que eso es todo, ver el vaso medio lleno o medio vacío”.

Si el vaso está medio lleno, los dos países se han comprometido a abordar todos los aspectos de su relación manteniendo siempre una comunicación abierta “sin recurrir a acciones unilaterales y sin dejar de lado ningún tema, por complejo que sea”.

Entre los temas abordados, Sánchez se refirió al renovado compromiso en materia migratoria.

“Es más fácil que se produzcan avances concretos en temas muy sensibles, como la cooperación en materia migratoria, la lucha contra el terrorismo y también la gestión de las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla con Marruecos”, apunta Soler.

“En concreto, hemos acordado que las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla seguirán abriendo de forma ordenada y progresiva”, ha añadido Sánchez.

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