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Condenan a perpetua a cinco jóvenes que mataron a golpes a Fernando Báez Sosa en Argentina

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La justicia argentina condenó hoy a cadena perpetua a cinco de los ocho jóvenes que en enero de 2020 mataron a golpes en grupo a Fernando Báez Sosa, que entonces tenía 18 años.

El tribunal dictó la pena máxima contra Máximo Thomsen, Enzo Tomás Comelli, Matías Franco Benicelli y Ciro y Luciano Pertossi.

Así terminó un juicio que comenzó el 2 de enero y que se desarrolló a lo largo de 15 audiencias en las que hablaron los padres y madres de las víctimas y de los acusados, los abogados defensores y la querella. En total, hubo 87 testigos.

El fallo de la corte fue transmitido en una cadena nacional virtuala través de todos los canales de televisión, canales de radio, portales y redes sociales, ya que es uno de los delitos con mayor cobertura mediática en los últimos años.

También generó un intenso debate social, ya que desde que comenzó el juicio a principios del mes pasado, se han recrudecido las posiciones de quienes exigen las penas más duras contra los imputados.

Entre discursos cada vez más violentosAlgunos incluso lamentaron que no existiera la pena de muerte.

El crimen de Báez Sosa también se convirtió en un tema central, porque se combinó con cuestiones de clase. La víctima era un humilde estudiante hijo de inmigrantes paraguayos. Los perpetradores, que en el momento del crimen tenían entre 18 y 22 años, fueron identificados como “niños ricos”, aunque en realidad son más bien parte de la clase media.

La clave para difundir esta lectura fue que varios de ellos practicaban rugby, deporte asociado a prácticas violentas y familias adineradas. Si bien no todos los imputados lo practicaron, la estigmatización prevaleció y fueron llamados “los rugbiers”.

Otro elemento que permitió la cobertura mediática del proceso fue la abundancia de grabaciones del momento del crimen. Entre celulares y cámaras de seguridad, nunca antes hubo un registro audiovisual de tal magnitud en un caso como este.

¿Qué pasó?

En la madrugada del 18 de enero de 2020, Franco Benicelli, Blas Cinalli, Enzo Tomás Comelli, Máximo Pablo Thomsen, Ayrton Michael Viollaz, los hermanos Ciro y Luciano Pertossi y su primo Lucas Pertossi Fernando Báez Sosa, de 18 años, fue asesinado a puñetazos y patadasa la salida de una discoteca del balneario argentino de Villa Gesell, ubicado en la costa atlántica argentina.

Estaban todos allí de vacaciones, ya que vivían en Zárate, una ciudad de la provincia de Buenos Aires.

Las grabaciones evidencian la saña con la que atacaron a Báez Sosa pero también la indiferencia con la que actuaron los acusados ​​tras el crimen.

Sus chats telefónicos mostraron que planearon qué decir, cómo ocultar o manipular evidencia, mientras se cambiaban de ropa y algunos de ellos incluso salían a comer una hamburguesa después de la cena. Como si nada hubiera pasado.

A la mañana siguiente, cuando los policías los interrogaron, señalaron que el responsable del crimen era Pablo Ventura, un atleta de remo que vivía en Zárate, el mismo pueblo que ellos.

Ventura fue detenido pero luego liberado porque se demostró que ni siquiera había ido a Villa Gesell. Durante el juicio, ninguno de los acusados ​​explicó por qué fueron acusados ​​falsamente.

la prueba

Los ocho imputados debían cumplir prisión preventiva desde enero de 2020, ya que se les imputaba el delito de “homicidio agravado por alevosía y participación premeditada de dos o más personas”.

Durante las audiencias, dos posiciones quedaron claras. Uno, el de la acusación y la querella, que consideran que el crimen fue planeado, que los imputados se organizaron para matar a Báez Sosa, que fue una venganza, que hubo fraude, premeditación y alevosía. Por ello exigieron cadena perpetua colectiva.

Por el contrario, la defensa argumentó que no hubo dolo, que los jóvenes no estuvieron de acuerdo, que se trató de una “muerte por exceso”, un “homicidio en riña” u “homicidio simple con dolo eventual”, delitos que ameritan penas de seis a 25 años de prisión, pero no cadena perpetua.

El día de su alegato final, el abogado defensor, Hugo Tomei, se esperaba que pidiera penas mínimas, pero sorprendió al exigir la absolución de los ocho imputados al considerar que “el hecho”, es decir, la planificación del crimen, había no se ha llevado a cabo. demostrado.

“Represento a ocho condenados por el poder de los medios, de la sociedad y de la opinión pública”, reconoció el letrado, sabiendo que la sentencia ya estaba escrita de antemano en las calles y en los medios.

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