
Corea del Sur anunció el lunes un plan para compensar a los surcoreanos esclavizados por empresas japonesas durante la Segunda Guerra Mundial.
La propuesta apunta a resolver uno de los temas más polémicos en las relaciones entre los dos países y solidificar la Cooperación trilateral Seúl-Tokio-Washington.
“En medio de la grave situación internacional y la compleja crisis global, la cooperación entre Corea y Japón es crucial en todos los campos de la diplomacia, la economía y la seguridad”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Sur, Park Jin. .
El plan busca compensar a 15 coreanos que ganaron juicios en 2018 contra la siderúrgica Nippon Steel y la división de industria pesada de Mitsubishi, que movilizaron por la fuerza a estas personas a principios de la década de 1940, época en que Japón aún mantenía su dominio colonial sobre la península de Corea.
Washington, por su parte, ha saludado un acuerdo que ha calificado de “histórico”.
Sin embargo, grupos cívicos se reunieron el lunes frente al edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Sur para protestar.
Muchas víctimas o sus familias han expresado su decepción con el plan, que en principio exime a las empresas japonesas de disculparse o compensarlas directamente, ya que el plan se basa en un fondo financiado con dinero de empresas surcoreanas y no japonesas.
Según datos de Seúl, unos 780.000 coreanos fueron sometidos a trabajos forzados durante los 35 años de ocupación japonesa, sin contar las mujeres que fueron reducidas a la esclavitud sexual por las tropas japonesas.
Un problema “resuelto hace mucho tiempo”
El gobierno japonés dice que “aprecia” las medidas anunciadas por el gobierno de Corea del Sur como “un esfuerzo por restablecer relaciones sanas entre Japón y Corea del Sur”, al tiempo que insiste en que todos los problemas relacionados con las reparaciones durante la guerra se resolvieron en el tratado de 1965.
Documentos de la época han demostrado que Tokio quería gestionar directamente la indemnización de las víctimas, pero el Gobierno de Corea del Sur, en manos del general golpista Park Chung-hee en ese momento, se empeñó en gestionar esa ayuda, que acabó siendo utilizada para financiar Posco, hoy una de las mayores empresas de Corea del Sur, o para la construcción de la principal carretera del país.