
Publicado:
6 de marzo de 2023 15:28 GMT
Un fuerte descenso en el caudal de la laguna Mar Chiquita dejó al descubierto las ruinas del poblado de Miramar de Ansenuza, algo que se ha convertido en un atractivo turístico y en un elemento de preocupación y cierta preocupación para los habitantes de la zona.
La severa y larga sequía que afecta a casi toda Argentina no solo se refleja en campos secos, animales sin forraje y pérdidas económicas. Las fuentes de agua han perdido su caudal habitual, revelando buena parte de su historia, como es el caso de la laguna Mar Chiquita, en el noroeste de la provincia de Córdoba.
Desde 2017, una bajante hizo que la laguna perdiera casi 4,5 metros de su caudal habitual, con lo que comenzaron a hacerse visibles las ruinas de Miramar de Ansenuza, localidad turística que quedó sumergida bajo las aguas y perdió alrededor del 60 % de su territorio tras un enorme inundación de 1977. Ahora, es posible reconocer los antiguos trazados de calles y algunos edificios en ruinas, algo que se ha convertido en un atractivo turístico para los visitantes de la región y, a su vez, en un fenómeno que inquieta y preocupa a sus habitantes.
Según la historiadora Mariana Zapata, esta situación tan particular se debe a los “grandes desmontes” y “canalizaciones no autorizadas” en los humedales del río Dulce, uno de los principales afluentes de Mar Chiquita. En tiempos de crecida se estima que el río aporta unos 1.300 m³/s, mientras que en tiempos normales debería llegar a la laguna para mantener su nivel entre 110 y 120 m³/s.

“Cuando aparecen canales clandestinos en el río, esa cantidad de agua no está entrando y eso provoca esta gran bajante que estamos viviendo”, aseveró Zapata.
Mar Chiquita es la superficie lacustre más grande del país y la más grande de Sudamérica con agua salada. Su extensión es cercana a los 8.000 kilómetros cuadrados, pero es variable y siempre ha dependido del agua que llega por los ríos afluentes y de las lluvias. Solo entre el año pasado y lo que va del 2023, el caudal de la laguna bajó 70 centímetros, lo que para muchos la convierte en fiel testigo del cambio climático.
Según el Sistema de Información de Sequía del sur de Sudamérica (SISSA), más del 59% del territorio argentino sufre algún grado de escasez de lluvias. Dentro de este porcentaje, casi la mitad tiene sequía extrema o severa, lo que trajo muchos problemas en el sector agrícola. A pesar de que el Gobierno prometió otorgar préstamos blandos a pequeños y medianos productores, para muchos esta oferta no es suficiente para paliar las consecuencias de la deforestación, la falta de lluvias y el aumento de las temperaturas.
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