
La aragonesa Lidia Ruba prometió no volver al Dakar tras la edición del año pasado, cuando vivió una odisea. No se arrepiente de haber roto su promesa.
“Esta vez voy porque quiero. No me va a tomar por sorpresa. En mi primera participación estaba muy nervioso y no podía disfrutarlo al máximo. Además, tuvimos muchos problemas mecánicos y con la navegación. dispositivos. Fue una odisea. Pero me encantó el ambiente que había entre los participantes y la cantidad de historias diferentes que motivan a cada uno a venir a esta carrera. Me sorprendió la felicidad en la cara de todos, a pesar de la dureza de las etapas”, reconoce este Zaragoza, ingeniero y arquitecto técnico.
El año pasado, Juan Morera y Lidia Rubia vivieron una auténtica odisea en el Dakar Classic, que afrontaron con un modesto 4×4 Panda.
Averías, problemas, odiseas… pero terminaron. Juan decidió volver, pero mejor preparado, con un Toyota HDJ 80 y como parte del equipo Toyota Classic. Lidia ‘se deja convencer’. Seguramente, como tantos otros, acabó la prueba jurando no volver… pero no tardó en empezar a saborear los momentos -buenos y malos- vividos y pensar en la próxima edición.
Y también, todo por una buena causa, la ONG ‘Bicicletas sin fronteras’.
Ha valido la pena. Han dominado la prueba con una autoridad aplastante. En la primera etapa fueron terceros, en la segunda ya tomaron el liderato y lo han mantenido hasta el final por delante de Carlos Santaolalla y Aran Sol, controlando bien la prueba, con autoridad… aunque el Dakar Classic no es velocidad sino sobre la regularidad y la orientación son sus claves. Y el más mínimo error puede acabar con todo.
“Esta carrera es una carrera contra los nervios. Todos los días empezamos liderando y no podíamos fallar en nada. Pero al final explotamos de alegría”, admite Lidia.
Juan, su esposo y piloto, estaba exultante. “La realidad ha superado mi sueño. Suena a tópico, pero es la pura verdad. Sabíamos que podíamos hacerlo bien pero todo nos salió muy bien y eso es lo que te permite ganar el Dakar”.
El patrón de la marca de bicicletas Momabike y uno de los impulsores de la ONG ‘Bicicletas sin Fronteras’, que se preocupa de llevarlas a Senegal para que los niños y niñas no tengan que caminar cinco kilómetros diarios al colegio, se mostró convencida de que el cambio a un coche más estándar, más adecuado para el desierto, funcionaría, aunque no lo imaginaba tanto. “Aprendimos mucho de 2022, donde tuvimos errores de novatos y problemas con los aparatos de regularidad”, apunta como base del éxito.
Santaolalla y Sol, el segundo clasificado, ya brillaron el año pasado cuando terminaron sextos en la general y terceros en su categoría.
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