Argentina

Los delirios de la reina Cristina

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Cuesta abajo en su paseo, Cristina entró en su etapa más delirante. Sus fracasos en serie aumentaron su tendencia a creer sus propias mentiras. Y esa deriva suya la llevó al borde de su carrera política. Joaquín Morales Solá lo resumió con contundencia al final de su columna: “Quizás en esa incapacidad para discernir entre el honor y el deshonor esté la razón de la ruina política de Cristina Kirchner”.

El gran problema de Cristina es que una cosa es equivocarse y otra muy distinta y mucho más grave es tomar decisiones basadas en falsedades muy fáciles de comprobar. La más obvia es intentar instalar que está electoralmente proscrita. Nadie se lo cree y por eso nadie defiende con convicción ese absurdo que se desvanece en el aire con dos palabras. Incluso alguien que la admira como Aníbal Fernández dijo simplemente: “Cristina no está prohibida”. Y la reina quedó desnuda, como le sucedió al monarca en el relato de Andersen.

Los fanáticos cristianos se hunden en ese pantano inexistente y no saben qué hacer. Cargan contra los molinos de viento y, en flagrante contradicción, al mismo tiempo le ruegan que sea candidata. Un papel de dimensiones patagónicas.

Lo mismo ocurre con el reprobable intento de asesinarla. Cristina no soporta que los responsables hayan sido un grupito de peligrosos y despreciables lumpens. Alguien que se percibe a sí misma como colosal en estatura como ella, necesitaba el ataque…

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