

Alberto Fernández sucumbió al asedio cristiano. Aceptó sumarse a una “mesa política”, una instancia de liderazgo compartido, con sus aliados del Frente de Todos.
El kirchnerismo se lo venía exigiendo desde la derrota en las elecciones parlamentarias de 2021. Resistió, hasta ayer, por temor a la dilución de sus últimos restos de poder.
Estos días Máximo Kirchner, Larroque y Capitanich lo castigaron en público. Hablaron por Cristina. Descalificaron la aventura reeleccionista que insinúa el presidente, cuestionaron su autoridad y desaprobaron la marcha del gobierno.
En medio del tiroteo retórico, Máximo pronunció el ultimátum. “Llevamos mucho tiempo exigiendo una mesa política”, lanzó este lunes. Y agregó: “No podemos ir a las elecciones con un grado tan grande de distorsión respecto a la realidad política”. Traducido del barroco, la candidatura del presidente carece de respaldo político y está destinada a la catástrofe. El kirchnerismo quiere una lista única que atraiga votos en la Provincia de Buenos Aires.
Los portavoces de la Casa Rosada no tardaron en explicar al micrófono que el cambio de posición de Alberto Fernández no es una rendición.
Argumentaron que la dirección colegiada del Frente de Todos no actuará como un “fiscal del Estado”, sino que se limitará a debatir la estrategia electoral. Como si las chances del oficialismo en las urnas pudieran separarse de los resultados de la administración.
Kirchnerismo…
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