Argentina

Opinión | El presidente solitario libra una batalla de debilidades con la vice

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La inclinación de Alberto Fernández a enredarse en las palabras viró en una dirección inesperada.

Sus aportaciones a una antología de la puta, el cuento fantástico y el disparate son constantes. No es accidental. Su presidencia es una impostura de nacimiento. Desde el mismo día accedió a subordinar su papel al liderazgo político de Cristina y desandar, una a una, las críticas que le lanzó durante una década.

El instrumento natural del impostor es la mentira. Pero ayer Fernández sorprendió con una verdad inconveniente, un asesinato sincero. Contra los mandatos de cualquier catecismo político, puso al descubierto su propia debilidad.

En una nota periodística admitió que no dirige a ministros claves de su gobierno. Buscó remendar los andrajos restantes de la autoridad con una frase impactante: “Yo sé con quién puedo gobernar y con quién no; gobierno con los que puedo gobernar; (…) No me importa”.

Una afirmación, cuanto menos, ilusoria. El poder es volátil. Cuando no se ejercita, se evapora. Y el corte de energía en la fuente se disipa más rápido.

El presidente naturalizó que los ministros en funciones lo reten a competir en las internas, pese a su declarada intención de postularse a una posible reelección. Una experiencia sin precedentes.

El primer retador es Eduardo “Wado” de Pedro, titular de Gobernación, jefe de La Cámpora y ahijado político del vicepresidente. Uno de los ministros desobedientes. Hace unos días destrozó a Fernández en público. Ni ellos saben…

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