
La ayuda aún no llega al oeste de Siria controlado por los rebeldes.
La ONU lanza una campaña para recaudar fondos para solucionar la catástrofe humanitaria.
Esta ciudad es Jindires, en el noroeste de Siria, en Alepo. Está controlado por milicias opuestas al gobierno sirio durante los últimos 12 años de la guerra civil.
La devastación es total tras el terremoto, pero diez días después de la catástrofe, la ayuda humanitaria sigue siendo prácticamente invisible.
Ante esta situación sin precedentes, y bajo la presión internacional, el presidente sirio, Bashar al-Assad, acordó el lunes abrir dos cruces fronterizos entre Turquía y las zonas controladas por los rebeldes en el noroeste de Siria para permitir el paso de la ayuda.
El director general de la OMS, que ha visitado la zona, ha advertido de que queda todo por hacer.
En este hospital del noroeste de Siria hay muchos niños heridos por el terremoto. Son niños que solo han conocido antes de la guerra y ahora el drama del terremoto.
La ONU también ha lanzado un llamamiento para recaudar con urgencia casi 400 millones de dólares para ayudar a casi cinco millones de personas en Siria. Necesitan desesperadamente refugio, atención médica, comida y agua durante al menos los próximos tres meses.