El capital político de la coalición kirchnerista se devalúa a la velocidad del peso.El liderazgo vertical se rompió. La institución presidencial se autodestruyó. Y el superministro se gasta su crédito tapando agujeros, como el fontanero en el Titanic, según la metáfora impía que él mismo concibió.Se secó la saliva que unía a los tres referentes de la alianza. Entre ellos proliferan desconfianzas, disputas y tropiezos. El fracaso alimenta el conflicto.Cristina tuvo que enterrar la utopía…
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