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24 de febrero de 2023 16:29 GMT
La falta de agua ha dejado a la vista las estructuras que formaban Miramar antes de que desapareciera a causa de una inundación en la década de 1970. El nuevo paisaje provoca nostalgia, pero también ha vuelto a traer turistas al pueblo.
Un avance intempestivo de la gran laguna Mar Chiquita, ubicada en el noroeste de la provincia argentina de Córdoba, se llevó en la década de 1970 más de la mitad de la localidad de Miramar de Ansenuza. Ahora, tras décadas bajo el agua, buena parte de sus ruinas han quedado al descubierto.
Desde 2017, el nivel de Mar Chiquita ha bajado casi cuatro metros y medio, principalmente como consecuencia de los cambios climáticos y la alteración de los ambientes naturales en Córdoba. Al calentamiento global se suma la tala de bosques en la desembocadura del río Dulce, que baña la laguna desde el norte del país, explicó la historiadora Mariana Zapata.
La reaparición del antiguo Miramar es solo una de las tantas consecuencias de la severa sequía que azota al país, y que ha dejado en los últimos años precipitaciones por debajo de la media histórica. Según Anabela Caffer, guía del Museo de Ciencias Naturales de la Laguna Mar Chiquita, este cuerpo de agua es “testigo del cambio climático” y en la década de 1970 fue la laguna más afectada por este fenómeno ambiental a nivel planetario.
“Nuestra laguna se comporta como se comporta el clima a nivel mundial. Es más fácil para los investigadores estudiar el cambio climático a través del estudio hidrológico de América del Sur, basado en el termómetro que es nuestra lagunaque estudiar el cambio climático en sí mismo”, dice Caffer.
Un atractivo turístico renace
Zapata cuenta que, antes de que ocurriera la gran inundación por los aportes de agua del río Dulce a la laguna, Miramar era considerada la “destino turístico por excelencia” de la provincia de Córdoba, destacándose por la abundancia de alojamiento turístico, un bulevar de tres kilómetros, pozas de agua dulce y locales de ocio. Sus 110 hoteles, hospedajes y posadas le permitían tener en ese momento una capacidad para recibir hasta “70.000 turistas por temporada”, dice el historiador.
Si bien el descenso de la laguna Mar Chiquita podría considerarse un fenómeno cíclico, solo entre el año pasado y este sufrió un descenso de 70 centímetros en su nivel, según datos del diario local La Voz. Se trata de una caída histórica, mayor a la de 2013, que ha hecho que muchas estructuras del viejo Miramar vuelvan a ser visibles, dice el periódico.
En ese sentido, el nuevo paisaje, además de causar nostalgia entre los lugareños, se ha convertido en un atractivo turístico en la temporada estival argentina, que aproximadamente comienza a mediados de diciembre y finaliza a mediados de marzo. Los visitantes ahora pueden recorre las ruinas de varios de los monumentos arquitectónicos de la ciudad y apreciar algunos detalles que siguen intactos.
“Se están haciendo excursiones en el sector y la parte turística se explica perfectamente (…) Es un color nuevo para esta temporada. Hay mucha gente que están recordando y redescubriendo aquellos tiempos“, dice Silvina Arrieta, secretaria de Turismo de la localidad.

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